El ahora ex ministro de Economía, Fausto Ortiz, hizo pronósticos sombríos para su sucesora, Wilma Salgado, la tercera titular de esa cartera que tiene el gobierno de Rafael Correa.
Ortiz asumió el timón de ese Ministerio, cuando ya fue insostenible la presencia de Ricardo Patiño en el Frente Económico, después del escándalo desatado con los llamados “Pativideos”, una reunión ordenada grabar por él en el hotel República de Quito, en la que habló con los representantes de la casa de inversión Abadi y con el ex ministro Armando Rodas de asustar al mercado.
Eran los días en los que el Ecuador debía cancelar el primer tramo de los intereses de los bonos Global. Patiño había anunciado que no había dinero para pagar aunque horas más tarde había ordenado al Banco Central hacer la transferencia.
Ortiz mantuvo un perfil bajo desde el inicio de su gestión y logró tranquilizar a los mercados bajando el tono al discurso ambiguo sobre el no pago de la deuda, anunciado en la campaña de Correa.
Una vez nombrada Salgado como ministra volvió el discurso radical antimercado, como si el mercado fuera un demonio del que hay que exorcizar al país. Y que, además, reclamaba declarar la ilegitimidad de la deuda. “La vida antes que la deuda”, fue su proclama.
De ahí que Ortiz ha advertido sobre el peligro que rodea a la política económica del Gobierno, porque ese discurso impedirá a la ministra “señalar al presidente los grandes riesgos de tomar acciones contra (las) deudas”.
La reacción inmediata a las declaraciones de Ortiz fue el comportamiento a la baja de los bonos Global que agrupan un capital de $3 800 millones.
Y han revelado el doble discurso del Gobierno en esa materia, porque mientras ha formado una comisión para evaluar qué tramos de la deuda serían ilegítimos, el ex ministro ha dicho que descarta cualquier probabilidad sobre un impago en los cupones y hasta que se había adelantado un estudio para la recompra de parte de los bonos.
“Su plan de gobierno requiere financiamiento y claramente va a decidir mirar al mercado para adelantarlo, eso también va a ser un factor importante para sus decisiones”, ha dicho Ortiz.
Y tiene toda la razón. El país ha sobrevivido una campaña política permanente del Gobierno, que ha significado aumento de subsidios, promesas a diferentes sectores, incremento del gasto público, mientras la producción petrolera se ha estancado y se mantiene una especie de compás de espera de casi todos los sectores productivos del país.
Por eso lo más probable, si acierta Ortiz, es que el Gobierno pronto nombre a su cuarto ministro de Economía.
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